El estilo López Obrador

Son nuevos tiempos para la política mexicana. Se acabaron los privilegios, los lujos y la parafernalia, promete una y otra vez el virtual presidente, quien, 14 días después de la elección, ya controla la agenda del país: delineó la ruta a seguir con legisladores y gobernantes locales; estructuró un plan para adelgazar la burocracia; puso al secretario de Estado de Estados Unidos debajo de una imagen de Benito Juárez e instaló una oficina para atender las demandas de la gente que todos los días le lleva peticiones. Una cosa es segura, dice un colaborador: “aquí nadie se va a aburrir”

Texto: Daniela Pastrana y Ana Cristina Ramos

Fotos: Ximena Natera

La conferencia de prensa llevaba ocho minutos. El virtual presidente de México hablaba de los foros que iniciarán el 7 de agosto, en Ciudad Juárez y terminaran el 24 de octubre en la Ciudad de México, para elaborar el plan para la seguridad pública y “para la reconciliación y la paz en nuestro país”.

Del otro lado de la reja de la casa de campaña convertida ahora en oficina de la transición, llegó el grito de una joven: “Necesito un operativo, estoy desesperada, a mi hermano lo secuestraron”.

Andrés Manuel López Obrador detuvo la conferencia y, sin moverse de las escalinatas desde donde hablaba con los reporteros, se volteó hacia la joven y le dijo: “Sí. Ahora te atendemos. Sí, sí. Ya te vamos a atender”.

La gente arremolinada del otro lado de la reja aplaudió con ganas. Leticia Ramírez, nombrada esta semana como responsable de atender las peticiones ciudadanas que llegan a la oficina, se acercó a la joven, cuyo hermano tiene más de seis años desaparecido en Guerrero y le explicó que en cuanto terminara la conferencia de prensa la haría pasar. Pero la interrupción animó a otros.

— Señor, no se olvide de los migrantes — grito un hombre.

— No, no nos olvidamos de los migrantes — respondió el aludido.

— Ni de los profesores — soltó una mujer.

— Ni de los maestros, ni del pueblo… ahora los van a atender. ¡A todos! — enfatizó López Obrador, antes de reanudar la conferencia de prensa en la que, como ya es costumbre, hubo preguntas de todo.   

Al licenciado, como le dicen los reporteros, se le mira contento y relajado. Se presenta sólo a la conferencia y, desde el cuarto escalón que usa como podium, responde todas las preguntas con paciencia y buen humor: “La transición formal va a iniciar a partir de que emita el tribunal del fallo y que declare que el de la voz, ya saben quién (bromea, aludiendo a una exitosa frase de su campaña) es el presidente electo”. 

Explica que se reunió con los próximos secretarios de estado para definir su propuesta de gobierno, siguiendo un criterio: “un problema bien planeado es un problema medio resuelto”. Y el plan es simple: adelgazar, desde el inicio, la nómina burocrática, porque “no puede haber gobierno rico con pueblo pobre. El poder es humildad y el poder sólo puede ser virtud cuando se pone al servicio del pueblo”. 

Así, la secretaría de Gobernación, que en el gobierno de Enrique Peña Nieto fue inflada hasta convertirla en una suerte de supersecretaría, pasará de tener siete subsecretarías a tres: la de Gobernación, que estará a cargo del chiapaneco Zoe Robledo; la de participación ciudadana, que encabezará Tatiana Clouthier, y la de derechos humanos y migración, que será responsabilidad de Alejandro Encinas, quien tendrá a su cargo la tarea de “investigar y dar a conocer lo que realmente sucedió con los jóvenes de Ayotzinapa”.

En esa misión, el exlegislador y exjefe de gobierno de la Ciudad de México será apoyado por organismos internacionales, dice López Obrador. “Se van a abrir las puertas del país a organizamos internacionales, no van a haber trabas ni obstáculos para que se conozca la verdad en el caso de Ayotzinapa y se haga justicia”, asegura, en referencia clara a los desencuentros que el gobierno de Peña Nieto tuvo con el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Ahora, dice López Obrador, el gobierno entrante hará “lo que sea necesario para pacificar al país”. Y eso implica “escuchar a todos”: sociedad civil, gobernadores, alcaldes, militares, marinos, víctimas y familiares. “No descartamos nada — insiste — No hay límites, no hay fronteras, se va a discutir todo… todo es todo, porque nosotros recibimos un mandato y lo que quiere el pueblo es que haya paz y tranquilidad. Y vamos a buscar todos los mecanismos, todas las opciones, todas las alternativas para eso”.

— ¿Y qué es lo que va a cambiar con la nueva secretaría de seguridad pública (cuya ley “ya se está elaborando”)? — pregunta un reportero

— Pues que ya no se va a espiar a nadie que sea opositor. Como lo han hecho durante años — explica.

Aunque también aclara que los actuales espías “no se van a quedar sin trabajo, nada más van a ser comisionados a otras actividades”. 

Luego, provoca las risas de los asistentes cuando cuenta que en Tabasco lo seguían hasta al cine. “Yo los conozco desde hace 30 años, algunos ya están por jubilarse, ¿cómo los vamos a correr? Nooo, no se va a cometer ninguna injusticia, se les van a  respetar sus derechos laborales”. 

El mismo mensaje conciliador es para los trabajadores de base de las 18 dependencias federales que, de acuerdo con el plan de trabajo, saldrán de la Ciudad de México: “La descentralización es un proceso; se requiere crear las condiciones para que los trabajadores de base tengan beneficios (…) Pero sí lo vamos a hacer, porque ya no queremos que se siga concentrando la inversión en una, dos, o tres entidades de la federación”. 

También, aclara, su gobierno pedirá ayuda a la ONU para dos cosas: derechos humanos y transparencia en el combate a la corrupción. “Y ya con esta me despido, porque además ya viene la lluvia. Nos vemos mañana”, dice, tras anunciar que este domingo presentará su plan para acabar con la corrupción.

Al término de la conferencia, tres muchachas se dirigen a los que esperan afuera para tomarles los datos y llenar un formato. Leticia Ramírez, espera a que le terminen las entrevistas con la joven que tiene a su hermano desaparecido y luego, como lo había prometido, la lleva hacia el interior de la casa. 

Un grupo de jovenes reciben peticiones afuera de la casa de campaña de AMLO, el equipo surgió de la urgencia de recibir mensajes y llevan trabajando tres días.

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El miércoles 11, ante diputados y senadores electos, López Obrador anunció 12 reformas legislativas necesarias para los primeros meses de gobierno, entre ellas, la creación de la secretaría de seguridad pública; la ley reglamentaria para que ningún funcionario pueda ganar más que el Presidente de la República; la modificación al Artículo 108 de la Constitución para terminar con fueros y privilegios,  y que el presidente en funciones pueda ser juzgado; y que la corrupción, y el fraude electoral sean considerados delitos graves. Además de las modificaciones jurídicas para revertir el reciente decreto que retira la veda del agua y para revocar leyes de la llamada Reforma Educativa.

Más tarde, reunido con gobernadores y alcaldes electos de su partido, habló de la creación de programas de desarrollo integrales, para tres tipos de regiones: urbanas, mixtas (con población urbana y rural) e indígenas (definidas en función de las 68 etnias que hay en el país).

Ahí mismo nombró a los 32 representantes de los programas estatales, entre ellos nueve legisladores federales que deberán ceder su lugar a los suplentes: cuatro diputados (Indira Vizcaino, de Colima; José Jaime Montes Salas, de Sinaloa; Juan Carlos Loera, de Chihuahua y Lorena Cuéllar Cisneros, de Tlaxcala) y cinco senadores (Jaime Bonilla Valdez, de Baja California; Víctor Manuel Castro Cosío, de Baja California Sur; Miguel Ángel Navarro Quintero, de Nayarit; Gilberto Herrera Ruiz, de Querétaro, y Delfina Gómez, del Estado de México).

A los cinco gobernadores electos de Moreno les leyó la cartilla: “No vayan a hacer sus tonterías”.

“Andrés Manuel, siendo Andrés Manuel”, bromea un excolaborador, que recuerda una escena de hace casi 20 años, en Iguala, cuando López Obrador, siendo el presidente nacional del Partido de la Revolución Democrática, mandó a los dirigentes de su partido a ser fieles con sus esposas. Otro reportero que estuvo en aquella ocasión completa la historia: “Lázaro Mazón, que entonces era el presidente municipal de Iguala, le respondió: ‘como soy soltero, puedo tener una primera dama distinta cada semana’”.

Eso eran otros tiempos. El PRD iba en ascenso, bajo el liderazgo de López Obrador; ahora está desfondado y poco le falta para perder su registro.  Mazón fue senador y luego cayó en desgracia por haber apadrinado a José Luis Abarca, el alcalde que ordenó el ataque contra los estudiantes de Ayotzinapa. Y López Obrador dejó el PRD para fundar Morena, el movimiento que lo llevó a la presidencia del país. 

Lo único que queda ahora es el peculiar estilo de hacer política del tabasqueño, a quien pocos colaboradores le pueden seguir el paso. 

El jueves 12 se reunió con los gobernadores que aún permanecen en funciones y que le pidieron una reforma fiscal que de más recursos a los estados. A esta reunión faltaron el “independiente” excandidato presidencial, Jaime Rodríguez, quien regresó a gobernar Nuevo León y el gobernador priista de Jalisco, Aristóteles Sandoval. 

Tras el encuentro con López Obrador, el gobernador priista de Campeche, Alejandro Moreno Cárdenas, quien se ha distinguido por el derroche y su afición a los jets privados, regresó a su estado sin escoltas, en un vuelo comercial, y salió del aeropuerto en un taxi

El viernes 13, recibió la visita de una delegación de alto nivel del gobierno de Estados Unidos, encabezada por el secretario de Estado, Michael Pompeo, con quien se tomó una foto debajo de un cuadro de Benito Juárez. Y para este domingo tiene preparado presentar su proyecto para enfrentar la corrupción y el plan de austeridad, lo cual implica fusionar áreas, subsecretarias, direcciones, delegaciones en los estados, reagrupar a servidores públicos sindicalizados, los trabajadores de confianza, los niveles más altos de administración.

Porque los tiempos de los lujos y la parafernalia en la política se acabaron, promete una y otra vez el hombre que llegó a la presidencia de México con el mayor número de votos que haya tenido ningún candidato y que ha ofrecido consumar “un gobierno de 12 años en seis”. 

Y así será los próximos años, augura un futuro integrante de su gabinete: “Aquí nadie se va a aburrir”.