El eco insonoro del INE

Los resultados electorales, sorpresivos para muchos, dieron un respiro al Instituto Nacional Electoral; esta es la crónica de cómo se vivió el proceso en el Consejo General

Texto: Ana Cristina Ramos

Fotografía: Agencia Cuartoscuro

Nadie se esperó para cumplir la ley. A partir de las seis de la tarde el conductor de noticias de la cadena Televisa, Carlos Loret de Mola, empezó a transmitir los resultados de la casa de encuestas Mitofsky que reflejaban una tendencia clara: los ciudadanos castigaron con sus voto a los partidos que los han gobernado y dieron un voto de confianza al Movimiento Regeneración Nacional.

Minutos después de las ocho de la noche, Lorenzo Córdova, presidente del Instituto Nacional Electoral, y José Antonio Meade Kuribreña, ex candidato a la presidencia de México, disputaron la atención de los mexicanos.

Ninguno de los dos rompió el internet, pero el mensaje de derrota del candidato que representó al Partido Revolucionario Institucional dejó fuera de escena a la institución que operó las elecciones más grandes de la historia de México.

 

Aspectos del mensaje de Lorenzo Córdova Vianello, consejero presidente del INE. Fotografía: Galo Cañas / Agencia Cuartoscuro

Lorenzo Córdova habló de la fiesta democrática y que en ese momento empezarían a salir los resultados del Programa de Resultados Preliminares (PREP). La encuestadora Mitofsky ya daba una diferencia de veinte puntos a Andrés Manuel López Obrador (43 por ciento) sobre Ricardo Anaya (23 por ciento). Los resultados del PREP en las pantallas de la sala de medios del INE se sintieron como una tramite para confirmar lo inevitable en las elecciones presidenciales.

Cinco minutos después del anuncio comenzó una sesión del Consejo General, donde Edmundo Jacobo, secretario ejecutivo, hizo una narración de los pormenores de la contienda: 3 mil 780 incidentes, de los cuales, 76 por ciento lograron resolverse, y de 156 mil casillas, sólo faltó la instalación de 15 y se suspendió la instalación en 14.

La sesión duró diez minutos. Cuando los consejeros salieron, el panista Ricardo Anaya ya también había aceptado su derrota.

Dos de los consejeros – Enrique Andrade, encargado de la comisión del Registro Federal de Electores y Jaime Rivera Velázquez, presidente de la comisión Vinculación con Organismos Públicos Locales Electorales – se pasearon por la sala de reporteros, pero nadie les hizo caso. La atención del país estaba en las declaraciones de derrota.

A las once de la noche se confirmó por el conteo rápido por una diferencia más amplia de la prevista: el puntero sobrepasaba el 50 por ciento de la votación  y se alejaba 30 puntos del segundo lugar

Los consejeros regresaron a la sesión. El consejero Jaime Rivera, un hombre cercano a la administración de Felipe Calderón, estaba apartado de los festejos viendo su celular, sentado y esperando que todo terminara; el consejero Ciro Murayama Rendón, presidente del área de fiscalización, con los hombros encogidos, apretando las manos y con los ojos cansados; la consejera Adriana Favela, de la comisión de quejas y denuncias entrando tarde y el presidente Lorenzo aprovechó para tomarse dos selfies antes de empezar la sesión.

El instituto celebró el primero de julio fue la fiesta democrática. El INE no marcó una diferencia de otras elecciones en relación al enorme despliegue de recursos, económicos y humanos, y a lo caro que nos sale el voto.  Ni las declaraciones fallidas o la parcialidad del consejero presidente. Nada de eso importaba. En un país polarizado y con la sombra de dos conflictos postelectorales seguidos, un resultado tan contundente,  aceptado por los perdedores, y el mensaje de reconciliación del ganador, eran augurios de paz.

Los abrazos, felicitaciones y aplausos, se reflejaron en la última foto que se tomó en el salón de sesiones el presidente junto a su secretario y su equipo de trabajo, una vez que partieron el resto de los consejeros. En el Zócalo de la Ciudad de México, miles festejaban los resultados. El país se había pintado de color guinda. El equipo del árbitro podía respirar tranquilo. Sobrevivieron a las elecciones.

Fotografía: Ana Cristina Ramos