Meade y el cierre de campaña que nunca ocurrió

El candidato presidencial del PRI hizo su cierre de campaña en su bastión más duro: el Estado de México. Fue “el primero de tres cierres regionales”, según dijeron en su equipo. Es la primera vez que un candidato presidencial priista le huye a la capital del país, que no hay un cierre triunfal en la Ciudad de México, como el de hace seis años, cuando las huestes del tricolor colmaron el estadio Azteca para celebrar su regreso

Texto: Lydiette Carrión

Fotos: Ximena Natera

TOLUCA, ESTADO DE MÉXICO.- La plaza de los Mártires en Toluca es pequeña y provinciana. Quizá, si la plancha se retacara de personas verdaderamente apretadas –unas casi encima de otras–, podrían caber unas 40 mil. Nunca entrarían los 70 mil que, presumían los priistas, llegarían al cierre de campaña de José Antonio Meade. En la plaza esa mañana habría quizá unos 20 mil… Las fotografías panorámicas muestran que los asistentes tienen suficiente espacio para extender los brazos hacia el frente y los lados sin estorbarse. Ninguna multitud se hacina. La gente sí cubre la plancha, pero ordenada, satisfactoriamente, sin pena ni gloria, sin emoción. Tampoco hay zozobra.

No es el músculo que se prometía para el cierre de campaña… Pero es que, al final, tampoco se trata del cierre de campaña.

La prensa local insistió en que se trataba de un cierre de campaña regional. Un evento para los priistas mexiquenses. Por eso, quizá, destacan más las mantas de Fernando Zamora,  candidato del PRI a la alcaldía de Toluca. Su equipo lleva un dron que sobrevuela la placita con una manta colgando: “VotoXFer”. Ese Fer, que promete 15 mil luminarias nuevas si gana, es el que domina el paisaje. No la difusa propaganda de José Meade, el candidato a la Presidencia de la República.

Tres días antes, el presidente del PRI nacional, René Juárez Cisneros, explicó a la prensa que habría tres cierres de campaña: uno en Nuevo León, otro en Coahuila y otro en Ciudad de México o Estado de México. La realidad es que el PRI no se animó a hacer un acto masivo en la capital del país para el candidato a presidencial.

Y es la primera vez que un candidato priista le huye a la capital del país. La primera vez que no hay un cierre triunfal en la Ciudad de México. Seis años atrás, cuando Enrique Peña Nieto era el gran candidato tricolor que regresaría el poder a su partido, atiborró el Estadio Azteca. Se hablaba de más de 100 mil personas. Ahora, será Andrés Manuel quien cierre su campaña en el histórico estadio.

Cierre de campaña de José Antonio Meade, en Toluca

Incluso hay derrotas que saben mejor: en el año 2000, cuando el PRI perdió por primera vez una elección presidencial, frente a Vicente Fox, Labastida cerró su campaña en el Zócalo de la Ciudad de México, y lo llenó; claro, de la mano del gran artista de partido hegemónico:  Juan Gabriel. La prensa calculó unas 100 mil personas.   

Sin cierre de campaña en la capital. ¿Pero es que es esto un cierre regional, como dicen los toluqueños? Según la agenda enviada a los medios por el equipo de prensa, se trató de un “evento masivo”. Y en la página oficial de Facebook de José Meade, el álbum de fotos de este día fue titulado “Cierre de campaña en Toluca”. Luego, en su discurso, Meade  fue confuso: “Éste no es el cierre de la campaña, es el cierre, apenas, de una etapa de la campaña. Después de este momento toca hacer el llamado a la reflexión, a la reflexión y a la convicción, toca convencer de que el futuro de México está en nuestras manos”.

Una campaña que no cierra, ¿porque nunca empezó?

Distintos grupos de la militancia priista asistió a la clausura de campaña, aunque en su mayoría el público estuvo formado por simpatizantes de Toluca y comunidades cercanas.

Lealtad y gratitud

El candidato independiente por el PRI, José Antonio Meade, tiene un problema cuando se enfrenta a los eventos públicos: no conecta con los asistentes. No es lo que dice, sino cómo lo dice. Algo hay en él que le impide emocionar a la gente.

Y esta falla de conexión se nota más cuando los priistas con tablas hablan antes que él. Este es el caso.

En el templete, como si se tratara precisamente de un evento más bien local, habla primero César Camacho, candidato a Senador por el Estado de México. Éste dedicó su tiempo a despreciar la idea de una amnistía a criminales. Ese tema, por cierto, sí que prendió a los asistentes. Y luego habla René Juárez Cisneros, presidente del PRI Nacional, llamado a salvar lo salvable de una campaña que no termina por arrancar. Éste tiene genuinamente la voz de mando, propia o prestada, y en su oportunidad la utiliza para enviar un único e importante mensaje para la militancia del PRI: Lealtad y gratitud. “son importantes cuando se está en la cúspide. Pero son invaluables cuando el tiempo alcanza al hombre de poder”. Y añade: el tiempo siempre alcanza al hombre de poder.

Luego es turno de Meade. Como se mencionó más arriba, Meade, tiene un problema cuando se enfrenta a los eventos públicos: no conecta con los asistentes. No es lo que dice, sino cómo lo dice. Sus allegados lo dijeron muy bien: en corto es simpatiquísimo, divertido e inteligente. En campaña, es soso. Algo le falta. Y Meade y su equipo lo saben. Por eso quizá sus asesores de imagen estaban desesperados por encontrar algo en él o transformarlo para que la gente, la raza, que va a los eventos, se encendiera con él. Quizá por eso se les ocurrió que dijera groserías, o gritara mucho.

Y así se encuentra ahora: gritando mucho con la garganta desfondada; pero tampoco logra conectar. La gente, sí, aplaude, o responde, pero se nota que no hay emoción. Grita, se desgrana la garganta. Y entonces suelta un discurso político que ha ido vaciando de contenido conforme pasan los  días y las semanas de su campaña. Al inicio de esta aventura, hablaba de políticas públicas y modernizar al país. Pero las encuestas cada vez más alarmantes, el alejamiento total de los militantes del PRI fue llevando al equipo a la desesperación. Y dejan de lado conceptos elegantes sobre el futuro del país, sobre proyecto a largo plazo, y regresan a las dádivas clientelares: becas, estancias infantiles, hospitales, salarios. Sus promesas se acercan más en forma a las promesas del candidato a la alcaldía de Toluca, Fernando Zamora: 15 mil luminarias; nuevas cámaras de seguridad.

Asistentes al cierre de campaña de José Antonio Meade enToluca, EdoMex

Hombre de familia

Se ha explotado mucho la imagen de Meade como hombre de familia: hoy, en particular, anuncia que cumplió 24 años casado con Juana.  Una mujer, tres hijos. El paraíso doméstico. El padre de familia.

Alude en cada oportunidad a la familia. El valor familiar. La honestidad. Se empeña en unir la idea de familia con votar por el PRI: “El cambio fundamental es que este México lo vamos a construir de la familia hacia el gobierno, con cada familia, sabiendo qué ocupa”, dice.

“Hoy, aquí estamos los que como muchos mexicanos, encontramos en nuestra familia valores, los que encontramos en nuestras trayectorias honradez, integridad, trabajo en equipo, los que hablamos por un servicio público decente”.

Meade está sobre el templete: “El que no pueda ver a los ojos al ciudadano, el que no pueda ver a los ojos a sus hijos no tiene nada que hacer aquí, ni con nosotros.”

Fernando Zamora, candidato del PRI a la alcaldía de Toluca habla con simpatizantes en el cierre de la campaña presidencial de José “Pepe” Meade. Zamora busca reelegirse un segundo plazo, y gobierna la capital mexiquense desde 2016.

En primera fila, se encuentra el pater familias del PRI mexiquense: Arturo Montiel, el padre político de Enrique Peña Nieto, el acusado de enriquecerse de forma obscena, el de quitarle a sus hijos a la exesposa.

También está presente Manlio Fabio Beltrones, el policía que empezó su carrera política de la mano de Fernando Gutiérrez Barrios y ahora es quien ha elegido para la ocasión una chamarra café (ha marcado su distancia al no utilizar ninguna chamarra roja). Y el que ahora enfrenta señalamientos de haber desviado recursos púbicos a las campañas de 2016.

Y ahí se encuentra Eruviel Ávila, quien en su paso por la gubernatura del Estado de México, puso al servicio del presidente todas las triquiñuelas locales para amarrar los negocios millonarios de carreteras, proyectos públicos, el nuevo aeropuerto…

Pedrito Fernandez, cantante y compositor de música ranchera, fue el invitado musical principal del evento donde promocionó su nuevo sencillo “Arránquense muchachos”. Su presencia causó sensación entre simpatizantes del PRI.

Toluquización

Desde que llegó Peña Nieto a la Presidencia de la República, instauró lo que se conoce como la toluquización  de la administración pública federal. Es decir, a  Peña Nieto se le acusa de gobernar el país como si gobernara en Toluca: con la usanza marcada del priismo mexiquense; beneficiando únicamente un puñado de empresas y manteniendo un  control vertical de la prensa, de la oposición y de las estructuras de partido mediante la compra de contrarios.

Pareciera que esa toluquización, que ha terminado por matar a la gallina de los huevos de oro; es decir, ha llevado al PRI a la absoluta impopularidad, y al colapso en las preferencias electorales.  Esa toluquización ha orillado a Meade a cerrar en Toluca, uno de los pocos bastiones que le queda al partido, en una plaza que, dicen los reporteros locales, se vio más alegre y más llena un año atrás, cuando Alfonso del Mazo Maza cerró su campaña a gobernador. 

El final de la campaña de José Meade fue producto de la toluquización extrema, así que el PRI mexiquense fue el encargado de la logística del evento; por eso los recursos se fueron cerrando, a grado tal que este día en Toluca ni hubo video promocional qué estrenar. Por eso el artista invitado es Pedro Fernández, quien marca su distancia al presentarse en otro templete. Quizá por eso sólo llegó la estructura del PRI mexiquense: el magisterio, los sindicatos más leales, la CNC. Quizá por ello, el evento termina pronto, y los asistentes se forman a acercarse a Pedro Fernández, no hay cercanía con el candidato.

Esta derrota anunciada les sabe ajena.

Los simpatizantes del PRI comenzaron a llegar desde las 7:30 de la mañana a la Plaza de los Mártires en el centro de Toluca.