Corte de caja del recorrido de Marichuy

Fue la única que cumplió con lo que México esperaba de los candidatos independientes: honestidad. Y quizá por eso quedó fuera de la elección presidencial de este 2018. Pero para muchos de su seguidores, María de Jesús Patricio, postulada por el Concejo Indígena de Gobierno, ya ganó: obligó al país a mirar de nuevo a los que quiere ignorar. Y desnudó a los poderosos que quieren cerrar los ojos de los mexicanos

Texto por Al-Dabi Olvera
Fotografías por Daliri Oropeza

La sonrisa de María de Jesús Patricio contrasta con la pose rígida de los candidatos a la presidencia de México, preparados para debatir.

Ella no asistirá a debates, no pedirá votos ni posará para ser entrevistada por grandes cadenas de televisión. No necesita quedar bien con nadie: ni con tribunales electorales ni con obispos y empresarios.

Originaria de Tuxpan, comunidad náhuatl de Jalisco, la vocera del Concejo Indígena de Gobierno y ex aspirante a una candidatura presidencial está en Chiapas para contar, rodeada de investigadoras y mujeres indígenas zapatistas, la historia de su recorrido de cuatro meses por el “México de abajo”.

“Fuimos escuchando y viendo que los dolores de México son parecidos en todos los lugares”, dice al comenzar a relatar lo que vivió: “No traigo escrito nada”.

Su palabra es la palabra de quien acaba de hacer un largo viaje: 120 sitios en 26 estados, la mayor parte en una Urvan, viajó entre las serranías de Veracruz, Guerrero, Chiapas, Puebla, Oaxaca, escuchó a mujeres en Nezahualcóyotl, Ciudad Universitaria y Apizaco. Sin relevo, recogió en estas geografías lo que los indígenas se han dado a llamar “dolores”: historias de un México sumido en una guerra durante los últimos 12 años.

Aunque no alcanzó las firmas necesarias para tener acceso a una candidatura, su equipo recibió una felicitación del Instituto Nacional Electoral por su honestidad al reportar gastos y recabar firmas. No participará en las elecciones del 2018, pero recorrió el país a ras de tierra. Su objetivo principal fue hacer camino: “tejer una telaraña”, la escuché decir en Oventik, uno de los cinco “caracoles”, comunidades que se convirtieron en el epicentro de la organización zapatista.

“No alcanzamos a visitar más porque nos faltó tiempo. Lo podemos hacer aunque no andemos queriendo firmas.”

Mientras el país se vuelca en las pantallas de televisión para mirar el primer debate presidencial, activistas, artistas, militantes y periodistas acuden al Conversatorio “Miradas, escuchas, palabras: ¿prohibido pensar?”, realizado en la Universidad de la Tierra de San Cristóbal de las Casas del 15 al 25 de abril.

María de Jesús sigue con aquella sonrisa. La vocera de los pueblos originarios alcanza a esbozar: su meta más inmediata era “visibilizar a la pueblos indígenas.”

El Concejo Indígena de Gobierno, espacio de pueblos originarios que Marichuy representa, surgió en 2016 como una iniciativa del antiguo Congreso Nacional Indígena y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional para “desmontar el poder desde abajo”.

Esa es su intención a largo plazo.

Zapatitstas de distintas generaciones abrazan a Marichuy en caminata nocturna en el Caracol Roberto Barrios,  inicio de precampaña para  conseguir registro como candidata  la presidencia. Octubre 2017.

El zapatismo no ha caminado solo. Desde su levantamiento armado en 1994, el EZLN lanza iniciativas para convocar de manera independiente a diversos sectores de la sociedad y compartirles sus experiencias.

En 1997 lanzaron una gran consulta nacional indígena para exigir reconocimiento constitucional a sus derechos. En 2001 realizaron la Marcha del Color de la Tierra que recorrió la mitad de México para emplazar al gobierno de Vicente Fox a cumplir, entre otros temas,  con los Acuerdos de San Andrés. El gobierno de Zedillo los firmó y luego los desconoció. En 2006 lanzaron la Otra Campaña y en 2013 la llamada Escuelita Zapatista.

En “la Otra”, la comandancia zapatista recorrió el país para escuchar a diversos sectores no partidistas; en “la Escuelita”, cientos de personas de todo el mundo fueron a vivir una semana con una familia zapatista.

Además, el EZLN se ha manifestado para apoyar al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, a las familias de los estudiantes desaparecidos de la Escuela Normal de Ayotzinapa y a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). También convocaron a los encuentros conCiencias y compArte. Así que el zapatismo nunca está quieto.

Antes de que la mesa donde se encuentra sentada Patricio Martínez se llenará de mujeres; el subcomandante insurgente Galeano, antes Marcos, vocero del EZLN, hizo una evaluación ética sobre la campaña del CIG: “Tú no podías entrar”, dijo a Marichuy, “no cumpliste el número de firmas. Lo que resultó que eso no era lo que importaba.”

“Resulta que no era para dividir el voto de la izquierda” subraya el subcomandante como respuesta a la lluvia de críticas desde la izquierda partidista sobre una supuesta mano negra detrás del recorrido de María de Jesús. “Que sí era cierto, que hicimos lo que dijimos y por eso no estás en la boleta”, repite Galeano.

Los pies de la tierra

El filósofo Walter Benjamin escribió en su ensayo El Narrador (1936) una teoría sobre la pérdida de la capacidad de las sociedades modernas de contar historias. Ahí, identifica a dos tipos de narradores: los campesinos y los viajeros. Las dos características se conjuntan en los integrantes del Concejo Indígena de Gobierno.

En su haber hay una historia. Algo que ha generado una memoria. Durante su intervención en el conversatorio, el poeta náhuatl Mardonio Carballo habló de este proceso como una “memoria de la tierra.”

Seguí junto a la periodista Daliri Oropeza poco más de una tercera parte del recorrido del Concejo Indígena de Gobierno. Miro mi libreta y hago un recuento: hasta este seminario, acudimos a un total de 58 actividades desde el 2016.

De norte a sur, a Marichuy se acercaron sectores vilipendiados de la sociedad, atraídos por la propuesta de no disputar el poder mediante las elecciones, sino de hacer visible a un México muy profundo frente a un sistema de partidos políticos en el que no están representados.

Eran los sectores que están más abajo, sí, pero que se dan cuenta de ello y hacen algo.

“Los problemas que se decían eran reales. Ahí estaban. Los pueblos están sufriendo, los pueblos están siendo despojados”, dijo Maria de Jesús en su intervención.

Y eso se palpaba en rostros, en situaciones, en lugares.

Lágrimas de familias corrieron al poder expresar junto a Patricio la desaparición o el asesinato de sus seres queridos. En Ciudad Nezahualcóyotl, en el hemiciclo a Juárez, en Ciudad Universitaria, mujeres fueron quienes hablaron de sus familias.

Así, los dolores expresados durante la campaña de Marichuy eran complejos.

Marichuy dialogó con estudiantes, madres de los 43 estudiantes ausentes de Ayotzinapa en Guerrero, de jóvenes víctimas de feminicidio en el Estado de México; personas discriminadas por su disidencia sexual en Oaxaca, braceros tlaxcaltecas que esperan que el gobierno del pague después de 60 años.

“Se acercaron a Marichuy porque nadie más los escuchó”, dijo el economista y activista Sergio Rodríguez Lascano durante su intervención en el conversatorio.

Quienes alcanzan en cualquier punto a la vocera y médica tradicional sufren de algo común: “Y se parecen porque hay una estrategia de destrucción, de despojo, de control”.

Prácticamente no hubo estado ni pueblo que no tenga un relato de violencia, de despojo y de contaminación: minería, eólicas, monocultivos, autopistas, proyectos hidroeléctricos, descomposición por el narcotráfico, el Nuevo Aeropuerto, la trata de mujeres.

“Cada lugar que íbamos pasando nos decían y narraban sus dolores pero también nos decían de qué manera iban organizando, resistiendo como mujeres, jóvenes, obreros, campesinos”, relata Martínez.

Y sí. Porque sería injusto retratar todos estos dolores sin decir que las personas los transforman y buscan otros modos de existir.

En un breve recuento, podría decir que alrededor de Marichuy se reunieron plataformas nuevas por la diversidad sexual, modelos de educación autónomos,  colectivos artísticos, radios comunitarias, redes de apoyo a lo largo del país quienes no sólo se dedicaron a juntar firmas, sino a exponer sus propios problemas y soluciones a ellos.

“Les aclarábamos que queríamos el poder abajo, la organización abajo y teníamos que ir construyendo poco a poco y que ese recorrido fue con esa finalidad, que es ir a visitar a los pueblos, como cuando visitamos a un familiar que sabemos que está pero no lo habíamos visto” dijo María de Jesús.

En el libro “Había mucha niebla o humo o no sé qué”, la escritora Cristina Rivera Garza dice que hay dos tipos de narradores: los que se sientan y los que caminan. Aquellos que caminan escriben con los pies, es decir, beben sus historias de la tierra.

Así imagino el papel de Marichuy mientras vaciaba plumas, llenaba cuadernos, y al final hablaba.

Mujer abraza y habla con María de Jesus Patricio al terminar el mitin en Santa María Ostula, en el recorrido  para recoger la palabra de los pueblos  y precampaña para conseguir registro como candidata  la presidencia. Enero 2018.

¿Valió la pena?

Hace dos semanas, la etiqueta de una mujer náhuatl volvió a convertirse en la más vista en Twitter.

El hashtag “Marichuy” sucedió debido a que el gobernador con licencia de Nuevo León Jaime Rodríguez, “El Bronco”, fue avalado por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación para participar en la contienda presidencial.

El poder quedó desnudo. La gente reclamaba en redes sociales: “hubiéramos hecho llegar a Marichuy con una fotocopiadora”, decían algunos. “Cómo puede ser posible que la única que cumplió con los requisitos es la que no queda en la boleta”, recordaron otros.  Sin darnos cuenta el país, la sociedad civil en específico sabe quién es María de Jesús Patricio Martínez y defiende el derecho de los pueblos originarios a alzar la voz.

Así que para evaluar el esfuerzo levantado alrededor de Patricio Martínez hay que pensar una frase que dijo en la UAM-Xochimilco: “Esto va más allá del 2018. Nosotros pensamos que ya ganamos, porque estamos aquí con ustedes”.

Y para hablar del modo, hay que pensar en una frase lanzada en San Gregorio Xochimilco, frente a una casa derribada por el terremoto del pasado 19 de septiembre: “Nosotros, como ven, no traemos gorras ni cachuchas, traemos trabajo.”

Por ejemplo, la organización de la visita de la vocera indígena a Ciudad Nezahualcóyotl; comida, estructura, seguridad, todo fue organizado por los movimientos populares y culturales del Oriente del Estado de México. Como en otros lados, se dio prominencia a la voz de las mujeres que representaron una voz colectiva.

Antes de la visita, los colectivos realizaron mesas de trabajo, como después ocurrió en el encuentro con trabajadores en el local del Sindicato Mexicano de Electricistas y el de las mujeres en Tlalpan. De esas mesas brotó conocimiento  una evaluación de los problemas que afectan al lago de México, a los trabajadores del país y a las mujeres. El CIG y sus redes tienen ahora un diagnóstico actualizado del país desde sus sectores más atacados.

El recorrido de Marichuy no sólo convocó a pueblos originarios, ni aglutinó a mayas, nahuas, yaquis. Las ciudades mestizas y superpobladas también respondieron activamente al llamado: “Los colectivos nos ayudaron mucho” dijo Martínez. Como en anteriores iniciativas, la sociedad civil fue clave en este proceso.

Por Marichuy hubo alrededor de 5,000 auxiliares activos. Instalaron mesas en las plazas de diversas ciudades del país, realizaron conciertos, conversatorios, rifas, festivales.

Marichuy alcanzó 267 mil 115 firmas, una cuarta parte de lo necesario.

Ya en Chiapas, el propio Subcomandante Galeano dijo: “¿por qué el sistema no se movió para que consiguiera las firmas Marichuy? Es que no hay lugar para Marichuy ni el CNI ni nadie que sea decente en el sistema político.” Su anàlisis: la candidatura sirvió para “desnudar al poder.” Algo que ya estaba previsto. En octubre, frente al Instituto Nacional Electoral, en un mitin improvisado, con más gente que El Bronco, quien se había registrado unos minutos antes que ella, Marichuy dijo: “esta estructura está diseñada para ellos.”

A estos sectores es a quienes el CIG invita a participar en una nueva etapa. El conversatorio “Miradas, escuchas, palabras: ¿prohibido pensar?” tiene el tono de el fin de una etapa. En la Universidad Iberoamericana, a los estudiantes de la universidad donde hace casi seis años nació el movimiento #Yosoy132, Marichuy les dijo: “deben pensar juntos como jóvenes. Con esa creatividad que tienen hay mucho qué hacer. No tenemos algo diseñado. Tenemos que construirlo”.

Carlos González, integrante de la comisión de coordinación del Congreso Nacional Indígena, recordó la invitación hecha por los pueblos originarios el 16 de marzo mediante el comunicado: “Convocatoria al siguiente paso en la lucha” donde convocan a un análisis sobre los objetivos trazados. Sin embargo, ahora aclaró que esta valoración, sino un “camino colectivo” para “construirlo con ustedes.”

Si una de las intenciones primarias de esta iniciativa era reactivar la organización de los pueblos originarios de México, Gonzàlez dio datos: de 38 concejales indígenas que el CIG tenía en mayo de 2017, hubo un crecimiento que llegó hasta los 157 concejales. Chiapas es la entidad con más concejales: 43. Además, el Congreso Nacional Indígena se ha extendido a lugares que en dos décadas no había alcanzado: los náyeris de Nayarit, los mayas de Quintana Roo; Sinaloa y Durango.

“¿Valió la pena?”, les pregunta Galeano.

Carlos González y María de Jesús Patricio piensan dos segundos. Se miran y dicen al unísono: “Sí”


El acuerdo es vivir

 

“¿Fracasamos? La propuesta era visibilizar. ¿Hasta dónde llegamos con eso?” preguntaba el subcomandante Galeano. Y ofreció cifras. En el sitio oficial del EZLN un comunicado tiene seis mil lecturas, un comunicado del CNI tiene 800 lecturas.  Dijo entonces que para poder llamar la atención del país, las personas casi necesitan morir. Y enlistó: 45 niños de la Guardería ABC, 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, decenas de miles de mujeres desparecidas.

La gira de Marichuy tuvo algunas situaciones límite que tocaron la muerte.

El 21 de enero, el reportero del sur de Jalisco Cristian Rodríguez Pinto, Daliri y yo salimos de la comunidad nahua de Ostula, enclavada en la costa michoacan para acompañar el siguiente mitin de Marichuy en la meseta purépecha. A las seis de la tarde aproximadamente, en un punto ciego de la carretera de Tierra Caliente, fuimos interceptados y separados de la caravana por un comando armado.

El ataque, que el gobierno de Michoacán calificó de “asalto”, sucedió en un territorio plagado de cultivos extensivos de limón, en un escenario donde las autodefensas prácticamente desaparecieron. Después de cerrarnos el camino y obligarnos a descender, los atacantes sólo nos pidieron cámaras y celulares. Jóvenes, vestían camuflaje, chaleco antibalas y una gorra con un escudo nacional y la leyenda: “Michoacán”.

Después del ataque, el Congreso Nacional Indígena lanzó un comunicado para abordar otro tema que ningún otro candidato a la presidencia del país ha mencionado: “ejercer el periodismo en México es un trabajo de alto riesgo y que 40 periodistas han sido asesinados en nuestro país en el sexenio de Peña Nieto.”

En ese punto en particular, la situación a la que los periodistas en México se enfrentan quedó ligada a la de los pueblos originarios despojados de su territorio.

En su intervención en el conversatorio, las periodistas Marcela Turati y Daniela Rea hicieron un recuento de historias de víctimas de la guerra, de reporteros asesinados y agredidos, de zonas de silencio donde el periodismo no está y ocurren masacres, y del oficio periodístico como una Comisión de la Verdad en tiempo real.

¨Los periodistas somos los únicos que publicamos nuestros errores” recordó Turati.

Poco más de tres meses después, lanzo algunas evaluaciones: cubramos el tema que sea, pasamos de periodistas a periodistas de guerra abierta.

Marichuy recorrió el país sumido en la guerra y recogió historias que los pueblos indígenas llaman “los dolores” de México. En la foto, Maichuy escucha lucha de los braceros en Tlaxcala, Febrero 2018.

¿Cómo está el corazón?

El 14 de febrero, en medio de la larga península de Baja California, la Urvan blanca donde viajaba Marichuy sufrió una aparatosa volcadura. El accidente causó la muerte de la activista Eloisa Vega y graves lesiones a los jóvenes concejales indígenas Lucero Yslava Meza, del pueblo kumiai, y Francisco Grado, del pueblo cochimí.

Marichuy resultó herida del brazo, de la mano con la que ejerce la medicina tradicional.

Otra vez, la muerte volvió a colocar el tema del recorrido de Marichuy en todos los medios. Si bien todos los candidatos, desde el PRI hasta Andrés Manuel López Obrador, tuvieron que lanzar algún reconocimiento del trabajo de María de Jesús, pregunto, ¿frente a cuántas muertes el poder político ha dado la espalda?

La respuesta va por otro lado. Y la acaba de pronunciar María de Jesús: después del accidente, me dieron más ganas de seguir.

Sin embargo, Galeano apuntó: ¿a qué costo íbamos a seguir manteniendo la visibilización? Durante el transcurso del Conversatorio, integrantes del CIG sufrieron tres agresiones: Carlos González y Cristian Chávez en Nayarit, Catarino Aguilar en Jalisco, las Abejas de Acteal en su propio recinto del municipio de Chenalhó.

Pero, ¿qué costo iba a tener no haber empezado este proceso? Así terminó María de Jesús Patricio su evaluación: “yo hablaría desde lo que vi, desde mi persona, que falta mucho que hacer desde los pueblos indígenas también, me quedé con esa idea y con esa tarea de que ese es mi espacio y donde voy a  tener que fortalecer.”

Durante su intervención, la mixe Yásnaya Aguilar levantó en aplausos al público mientras confrontó la frase del CNI: “disculpe si los contradigo más que buscar un nunca México sin nosotros, están creando ya un nosotros sin Mexico.”

A decir de los ponentes, a invitación traía una pregunta muy particular: “¿cómo está el corazón?” En su lengua, para referirse a esto se habla de la entraña que está triste ante la noticia de la versión oficial de la disolución en ácido de tres estudiantes de cine en Jalisco.

Por mi lado, como periodista que tuvo la oportunidad de recorrer diversos tramos del caminar de Marichuy, diría: mi corazón está vivo. Mi compañera periodista Daliri me preguntó al reflexionar sobre el conversatorio, ¿valió la pena acompañar el recorrido? Tras un minuto de silencio, con todo el caminar hecho, y la recolección de memoria que realizamos, le dije: sí.