Ola de crímenes políticos en Guerrero

En Guerrero ser candidato es apostar la vida. Desde septiembre pasado, cuando empezó el proceso electoral, 12 políticos han sido asesinados, y uno más está desaparecido; la mayoría buscaba un cargo de elección popular

Texto: Margena de la O / APEG

Gráfico: Lucía Vergara

CHILPANCINGO, GUERRERO.- Para el 8 de septiembre de 2017, cuando inició el proceso electoral en Guerrero, habían sido asesinados siete políticos locales y uno más estaba desaparecido. En los seis meses siguientes, hasta el arranque formal de las campañas, mataron a otros 12.

Así, la campaña electoral comenzó con un saldo en contra: 19 políticos asesinados entre abril de 2017 y marzo de 2018, además de que aún no se conoce el paradero del perredista Catalino Duarte Ortuño, ex diputado y ex alcalde de Zirándaro, después que acudió al hospital de Coyuca de Catalán el pasado 12 de abril.

De los 12 políticos asesinados en lo que va del proceso electoral, en sus entornos o partidos ubicaron a 10 con claras aspiraciones públicas a un cargo de elección popular; de hecho varios de ellos ya estaban apuntados como precandidatos. 

El último fue Homero Bravo Espino, precandidato a la alcaldía de Zihuatanejo por el PRD: lo asesinaron a balazos el viernes 2 de marzo por la noche, en Barrio Viejo, una comunidad de este puerto de Costa Grande. 

Junto a su aspiración sostenía el cargo de coordinador de Obras Públicas del Ayuntamiento de Zihuatanejo. En esta elección competía por la candidatura, entre otros, con el actual alcalde de Zihuatanejo, Gustavo García Bello, quien pretende reelegirse.

A las precandidatas del PRD y el PRI a la diputación local por el distrito 25, Antonia Jaimes Moctezuma y Dulce Nayeli Rebaja Pedro, las asesinaron durante la penúltima semana de febrero. El distrito 25 abarca los municipios de Chilapa y José Joaquín de Herrera. Chilapa es el más grande  de estos dos, y ambas ex precandidatas eran originarias de ahí.

El miércoles 21 de febrero mataron a la perredista. Dos hombres que llegaron en una motoneta a su restaurante ubicado en la calle Campo de Aviación de la cabecera municipal, llamado Toreo, le dispararon y se fueron.  

Tres días después, el sábado 24, mataron a la priísta. Rebaja Pedro volvía de Chilpancingo, a su pueblo, Atzacoaloya, después de tomar protesta como dirigente de la organización de su partido, llamada Movimiento Territorial, acto al que acudió acompañada con una pareja de tíos y un primo. Mataron a los cuatro; el cadáver de ella y el primo los encontraron al día siguiente en el camino al pueblo.

El 17 de enero, al arrancar el año, habían matado a balazos a Gabriel Hernández Alfaro, dirigente municipal del Partido Encuentro Social en Petatlán, a quien sus compañeros de partido lo veían como el candidato a diputación local por el distrito 11.

El cierre de 2017 no fue distinto: en la última semana del año asesinaron al alcalde perredista de Petatlán, Arturo Gómez Pérez, y al aspirante del PRI a la alcaldía de Atoyac, Adolfo Serna Nogueda. El alcalde buscaba reelegirse; lo mataron el 28 de diciembre durante un festejo con sus amigos en la cabecera municipal. El priísta comenzaba en la política; lo mataron el 31 de diciembre.

Al dirigente municipal del Partido Movimiento Ciudadano en Quechultenango, Armando Arturo López Solano, lo mataron el 24 de noviembre; aspiraba a la alcaldía de ese lugar. 

Antes, el 14 de noviembre, habían asesinado al ex regidor perredista de Zihuatanejo Miguel Solorio Figueroa, quien, se supo, tenía interés por la alcaldía de este puerto por la vía independiente.

Uno de los asesinatos de mayor impacto fue el de Ranferi Hernández Acevedo, considerado uno de los fundadores del PRD y quien pudo buscar, según su gente cercana, una candidatura por una diputación federal en Morena. Lo mataron el 15 de octubre en la carretera a Zitlala. 

El último (o primero) de esta lista esÁngel Vergara Chamú, coordinador regional de Movimiento Ciudadano en Tierra Caliente; antes de su crimen, ocurrido el 26 de septiembre, expuso antes sus conocidos su interés por la alcaldía de Ajuchitlán del Progreso.

 

 

Zonas de riesgo

Los crímenes de políticos asesinados en Guerrero durante los seis meses previos y los seis meses posteriores al arranque del proceso electoral, delinean lo que podría considerarse una ruta de riesgo para los comicios.

Las regiones que más se repiten como lugares de los crímenes son las zonas Centro, Tierra Caliente y Costa Grande. Cada una tiene municipios conocidos por historias propias de inseguridad.

Chilpancingo, Chilapa, Zitlala, Eduardo Neri y Quechultenango, son sólo los municipios de la zona Centro donde ocurrieron parte de estos crímenes. Los dos primeros son parte de la lista de los cinco más inseguros de Guerrero. 

Chilapa, por ejemplo, un lugar de apenas 131 mil habitantes, es referencia de balaceras y persecuciones, crímenes, desapariciones, éxodo de familias, maestros acosados, choferes del transporte público asesinados, artesanos foráneos desaparecidos y asesinados. Todo en medio de operativos contantes de los tres niveles de gobierno que atribuyen toda la inseguridad de la zona a una sola causa: guerra entre grupos criminales.

La línea de riesgo trazada por los lugares de los asesinatos de políticos coincide con la interpretación que hizo el dirigente estatal del PRI, Heriberto Huicochea Vázquez, del mapa de riesgo diseñado por el gobierno del estado y entregado a dirigentes de los partidos políticos más grandes. “La región Centro, Tierra Caliente y Costa Grande, son lugares de alto riesgo”, comentó.

El mapa oficial revela, de acuerdo a los líderes de partido, que de 2015 a 2018, en estas tres regiones asesinaron y desaparecieron a 25 políticos, y que los lugares de riesgo fueron catalogados por las veces en que hubo confrontación entre miembros de grupos criminales organizados o donde hay presencia de policías comunitarios o grupos civiles armados.