La sonrisa incómoda de Cuauhtémoc Blanco

Polémico desde su elección como alcalde de Cuernavaca, Cuauhtémoc Blanco se prepara para golear a sus rivales en la elección de gobernador en Morelos. En su nuevo equipo, la coalición Juntos Haremos Historia, el ex futbolista empieza el encuentro con ventaja. Pero en la política, como en el fútbol, los partidos se acaban con el silbatazo final

Texto: Estrella Pedroza. Fotografías: Cortesía

20 de junio de 1998. Minuto 62 en el partido de fútbol entre las selecciones de México y Bélgica. Mundial Francia-98.

El equipo mexicano perdía 2-1 pero lo más grave eran los 28 minutos que restaban para quedarse fueran de la copa. Pero sorpresivamente Cuauhtémoc Blanco aprovechó un pase y anotó el gol del empate. El del pase a la siguiente ronda.

El Cuau corrió feliz por media cancha con los brazos extendidos y se arrojó a su entrenador. Sus compañeros lo abrazaron, en la tribuna los aficionados mexicanos deliraban y los comentaristas de televisión casi llegaron al orgasmo.

Cerca de 20 años después, Cuauhtémoc Blanco llegó al Instituto Morelense de Procesos Electorales y Participación Ciudadana (Impepac) para registrarse como candidato a gobernador de Morelos por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

11 de marzo de 2018. Al Temo lo espera una banda música, batucada, banderines, cartulinas, gritos, algún abrazo. Un escenario para mostrar la alegría por la nueva aventura política del ex futbolista.

No se consigue. Las porras parecen consignas. La alegría es fingida. Y la sonrisa tensa de Blanco es la confirmación de que la época de gloria, cuando la genialidad de sus piernas era capaz de emocionar a medio país, se diluyeron con el tiempo.

Cuando por fin apareció El Cuau, custodiado por un séquito encabezado por su ex manager José Manuel Saenz, actual secretario técnico del Ayuntamiento de Cuernavaca, apenas hubo algunos gritos.

Papelito habla… Aunque a veces no le gusta a Cuauhtémoc Blanco. Fotografía: Cortesía

Pero el partido aún no terminaba. En una jugada de Fair Play (juego limpio) en 2016 Cuauhtémoc mandó señales al gobernador Graco Ramírez de que quería trabajar en paz.

Algunas reuniones se pactaron y entonces “El Cuau” se tomó un respiro. Era el medio tiempo.

Sin embargo, en septiembre de ese año, cuando reinició el juego, se le ocurrió desafiar a Rodrigo Gayosso, hijastro del gobernador y uno de sus principales asesores. Allí empezó la bronca, a mitad de cancha.

Según el ex futbolista, Gayosso le dijo: “Me estorbas (para las elecciones del 2018) y tendré que hacer algo contigo”, y por eso Cuau se levantó de la mesa y rompió definitivamente con el gobierno estatal.

Desde entonces Blanco, quien siempre fue delantero y goleador, ha jugado de portero, atajando los disparos de sus rivales Ramírez y Gayosso.

Gobernar, pues, quedó en segundo término. El tiempo del alcalde se invirtió en defenderse de acusaciones como colaborar con narcotraficantes, demandas por presuntos desvíos de recursos, procesos en el congreso local para desaforarlo o intentos de violar la autonomía municipal por parte de legisladores y funcionarios.

El desgate físico y político de Blanco y su equipo –que prácticamente armó con gente de la banca- vaticinaba el fracaso de su carrera política.

Pero en tiempos extra se recuperó. El Partido Encuentro Social (PES) fichó al famoso número 10 del América como su candidato a gobernador, y luego se sumaron Morena y el Partido del Trabajo, que forman la coalición “Juntos Haremos Historia”.

En las elecciones de 2018 “El Cuau” viene por la revancha en lo que se califica como una liguilla a muerte por el gobierno de Morelos.

Juega con ventaja, porque el capitán de su equipo es Andrés Manuel López Obrador, el candidato presidencial puntero en todas las encuestas.

Pero eso no le quita problemas. Tres años después el IMPEPAC reabrió el 8 de marzo el expediente para investigar si Blanco se rentó o no para ser candidato en 2015.

El juicio sigue su curso, pero el mensaje es claro: para repetir la hazaña y ganar las elecciones del próximo 1 de julio el jugador necesitará mucho más que su “Cuauhtemiña”.