Elecciones en Tierra Caliente: entre el narco, la mina y la política

En la zona de Tierra Caliente, en Michoacán, el proceso electoral se dio en un clima de violencia e incertidumbre.  Los habitantes de esta tierra de autodefensas comunitarias sólo pudieron elegir entre el “color” del narco, pues, dicen, los partidos políticos están coludidos con ellos

Texto: Majo Siscar
Fotografías: José Manuel Jiménez

TEPALCATEPEC,MICHOACÁN.- El esqueleto de una camioneta calcinada se exhibe en uno de los cruceros principales de este lugar. Tiene al menos veinte disparos, el chasis quemado y pedazos de vidrio derretidos del calor. Sobre ella reza una pancarta: “Esta es la acción de los helicópteros de la Marina a una familia inocente que venía de su rancho”. La familia a la que se refieren es la de Juan José Farías, El Abuelo, jefe de los autodefensas en Tepalcatepec a quién la Marina, según la versión oficial, detuvo el pasado 27 de mayo por presuntos nexos con el Cártel Jalisco Nueva Generación, portación de arma de fuego, narcotráfico y homicidio. Tres días después lo soltaron por falta de pruebas y en el pueblo lo recibieron con fiesta y mariachi.

Es la segunda ocasión en que El Abuelo es detenido y liberado por falta de pruebas. La primera fue en 2009 cuando pasó tres años en la prisión por vínculos con el cártel del Pacífico, ahora reconvertido en Jalisco. Un año después de su salida, se alzaron las autodefensas y el gobierno de Enrique Peña Nieto lo arropó como líder en Tepalcatepec para eliminar a Los Caballeros Templarios.

Michoacán vive en un loop. Cambian los nombres pero los grupos armados siguen controlando el territorio. Guillermo Valencia, alcalde de Tepaltepec expulsado por los autodefensas del Abuelo, traza en un mapa la zona de operación de los cárteles y acaba pintando todo el Estado. Explica que la mayor disputa está ahora entre el Cártel de Jalisco Nueva Generación y Los Viagras, que se habrían realineado con la nueva Familia Michoacana. Tepalcatepec está bajo el control de Jalisco Nueva Generación y su vecino Aguililla bajo el de los Viagras. Apatzingán, pegado a ambos, tendría una guerra abierta entre los dos grupos en las zonas más alejadas de la cabecera municipal.

–Mataron a unos para imponerse otros– sintetiza el cura José Luis Segura Barragán, que apoyó a los autodefensas de Hipólito Mora en La Ruana y acabó decepcionado ”por los pactos que hubo”, además de fuertemente amenazado. Ahora oficia en una de las rancherías de Apatzingán y asegura que sigue la violencia.

Una camioneta que fue atacada por la Marina mexicana es exhibida en el pueblo de Tepalcatepec. El vehículo presenta al menos 20 impactos de bala.

–Hubo una reducción inicial de la violencia pero ahora siguen asesinado mucha gente, quemando casas, matando a familias completas…–, asevera el padre y empieza a contar una retahíla de homicidios horribles en su parroquia. 

En el centro de la cabecera municipal, en cambio, hay una apariencia de tranquilidad. A diferencia de 2013 y 2014, los vecinos conviven en la plaza y en los bares hasta la media noche. 

Aún así, Francisco Valle, uno de los consejeros civiles de la Mesa de Seguridad y Justicia que instauró Alfredo Castillo y el gobierno federal en el municipio, reconoce que “no tenemos ni el 30% de fuerza municipal que se requiere para cubrir todo el municipio y cómo atiendes si todavía el crimen organizado actúa. Quiénes dirigen las policías municipales no están tomando las decisiones correctas, parecieran coptadas”.

El día siguiente de las elecciones Apatzingán amaneció con un par de mantas firmadas por la Unión de limoneros de Tierra Caliente en la que denunciaban la violencia y cobros que sufrían por la complicidad entre el Ejército y el cártel de Los Viagras.

“Hartos de extorsión, secuestro y amenazas continuas hacia nuestras familias y nuestros bienes hemos decidido dejar de pagar cuota a los grupos armados o carteles o autodefensas o lo que sean esas personas que representan a los viagras o nueva familia michoacana, ya no aguantamos ya estamos hartos, tenemos miedo, pero también tomamos nuestras precauciones con las cuales vamos a presionar a las autoridades castrenses en la Sedena y PGR. Hacemos responsables de la protección de los viagras a los tenientes de apeido ‘Violante’ Teniente Herrera, Teniente Anamias, Teniente Piñón y Subteniente Laredo, tenemos con varias copias de respaldo las pruebas de su sociedad con esa gente de la maña”, señalaban los mensajes.

–Si los Caballeros Templarios recibían un diezmo por cualquier actividad económica o obra pública, ahora es igual, pero son Los Viagras quienes tienen el control total de un corredor desde Aguililla, Nueva Italia, Lázaro Cárdenas hasta Zamora, Uruapan, y hasta La Barca (en la frontera con Guanajuato)– alega vehemente el cura José Luis Segura Barragán. Para él las elecciones, a nivel local, solo fueron el reacomodo del sistema, pues el crimen no distingue entre partidos, sino que colocó candidatos en todos los partidos.

Pobladores de Santa María Ostula esperan en fila para votar durante la elección del pasado 1 de julio.

Elecciones y violencia

Si bien en las casillas a nivel federal Morena arrasó, en los municipios de Tierra Caliente queda muy repartido. En Coalcomán, Aguililla y Tepalcatepec, las alcaldías fueron para el PRI, el partido por el que opera la gente de El Abuelo. Apatzingán y Buenavista fueron para Morena. En este último municipio el crimen asesinó al alcalde interino Javier Ureña González, apenas cuatro días antes de las elecciones, mientras su jefe, Lorenzo Barajas contendía a la reelección por el PRD. Para el padre Segura Barragán, fue un atentado claro para que Barajas se apartase y dejara lugar al candidato de Los Viagras. 

Después de Guerrero, Michoacán ha sido el estado con más asesinatos a políticos en el marco de la campaña electoral, solo en la semana previa de las elecciones mataron a tres candidatos a cargos de elección popular y en las horas previas mataron a tres militantes del PRI en Nocupétaro, en la misma región de Tierra Caliente y aún así el candidato de este partido ganó la alcaldía. Y el domingo amaneció con el homicidio de una oficial del Partido del Trabajo (PT) en Contepec, en el otro extremo del Estado, donde a nivel municipal también ganó el PRI.

Cemei Verdía es miembro de las autodefensas que se levantaron para combatir a los cárteles en 2013 y fue candidato a diputado local.

Con este polvorín, cuesta entender que mueve a alguien a entrar en política.

–Los partidos nos han usado mucho tiempo ahora queremos nosotros usarlos a ellos, yo voy por el pueblo no tanto por el partido– responde el indígena nahua Cemeí Verdía, recostado en su hamaca, la misma tarde de las elecciones. Cemeí fue el Comandante de la Policía Comunal de Ostula en 2014 y se convirtió en el principal enemigo del cártel de Los Caballeros Templarios en la costa, así como de intereses políticos y mineros poderosos del pacífico michoacano. Este 1de julio fue candidato a diputado al Congreso estatal por el PAN y Movimiento Ciudadano. Perdió la elección.

Ostula es una comunidad nahua que se rige por usos y costumbres a orillas del Pacífico, en las faldas de la Sierra Madre del Sur. En 2009 recuperaron 1200 hectáreas de tierra que les habían sido arrebatadas y, amparados por su derecho como pueblo indígena, decidieron crear su propia Policía Comunal. Allí, en el poblado recuperado de Xayakalan, establecieron un puesto de vigilancia para disuadir a los criminales. Entre el 2008 y el 2014 asesinaron a más de 30 comuneros, entre ellos a José Trinidad de la Cruz, Don Trino, cuando llegaba con una caravana del Movimiento por la Paz –que encabezó Javier Sicilia– para poner los focos en lo que pasaba en su comunidad, tan apartada que no llega ni la señal de celular. Muchas familias se exiliaron. La de Cemeí Verdía fue una de ellas, después que intentaron asesinarlo mientras jugaba al futbol en 2010.

Cuando en la otra ladera de la Sierra Madre, en Tierra Caliente, se levantaron las autodefensas michoacanas para echar a los Templarios, los comuneros de Ostula vieron una nueva oportunidad. Cemeí Verdía volvió a su pueblo y consiguió el apoyo de la Asamblea Ejidal. Lo erigieron primer comandante de la Policía Comunitaria de Ostula en una comunidad que tiene su propia administración de justicia. Verdía tenía la potestad de hacer de policía, fiscal y juez y hasta negociar con los políticos locales. Encabezó cerca de mil hombres y mujeres como Coordinador General de las Autodefensas de los municipios de Aquila, Coahuayana y Chinicuila, tres municipios que ocupan una extensión  similar a la de todo Cabo Verde. Libró tres emboscadas y múltiples amenazas de muerte.

Cenotafio a las afueras del Pueblo de Aqulia, en Michoacán.

Fue encarcelado, como tantos otros líderes de las autodefensas críticos con la gestión del gobierno federal. El ejército mexicano le detuvo en un enfrentamiento en el que un niño de 12 años murió por una bala gubernamental. Verdía estuvo preso cinco meses por delitos que no le pudieron comprobar.

En Ostula dicen que cuando salió de la cárcel ya era otro. “Era muy yo, yo, yo, y aquí partimos del nosotros, vamos todos a una”, dice un vecino que prefiere mantenerse en el anonimato. Verdía asegura que volvió a su pueblo con más ganas de ayudar que nunca. Pero en su ausencia, Germán Ramírez, El Toro, había sido nombrado Primer comandante, y hay egos que no sobreviven al segundo lugar.

La mañana del 1 de julio, Verdía llegó a la casilla antes de que la abrieran. Esperó más de dos horas en la fila,  sentado en la banqueta, con huaraches y sombrero, apenas rodeado por su familia. Cuando salió de votar extendió la mano a varios comuneros en la fila y le negaron el saludo.

–A mi gente la tienen asustada–se justifica.

–Hombre se notaba un poco de, como te diría…– apunto y sin terminar la frase, me interrupe.

–De temor, de terror – se apura a añadir y continúa –¿Por qué? Porqué saben que yo traigo gente armada, armada pero  normal y buena de mi comunidad.

Cemeí Verdía espera en la fila para poder votar.
La tarde anterior a la votación acudió a la iglesia del pueblo a poner una veladora para la Virgen de Santa María Ostula.

El pasado 10 de abril la Asamblea General de Comuneros y Comuneras de Santa María Ostula desconoció públicamente a Cemeí Verdía. En un comunicado público lo acusaron de aliarse para la candidatura con el alcalde José Luis Arteaga, y con criminales del Cártel de Jalisco Nueva Generación y le retiraron “toda representacion y apoyo dentro de la comunidad por traicionar los principios de lucha de nuestra comunidad en aras de sus intereses personales y politicos”. 

La tarde de las elecciones Cemeí Verdía se recluye en un rancho en las afueras de la cabecera municipal, Aquila. Junto a su hamaca hay una docena de hombres, altos, fornidos, bigotones. Cuando llegamos beben bolis de sabor.

–Como hay ley seca aquí estamos, con pura agüita–se queja uno. Cemeí Verdía protesta y llama a la mujer que está en la cocina.

–¿No tienes un tequilita ahí o algo?

–No, no queda, pero ahora lo mandamos traer – dice Luz Sandoval, la dueña de la casa, que calienta tortillas en la cocina. Hace tres años, esta señora elegante –55 años, esbelta, cabello largo con mechas rubias, uñas pintadas– no se amarraba un delantal al cuello sino un chaleco antibalas.

A los veinte minutos llegan tres camionetas con un puñado de hombres armados con rifles de asalto y traen una botella de tequila y cervezas para todos. Las leyes mexicanas son todavía más relativas allí donde no llega ni la señal de celular.

Al lado de Cemeí verdía, un hombre obeso toma una cerveza. De su nuca cuelga una cadena maciza de oro. Una muchacha de belleza afromexicana, casi mulata, no se separa de él. Cuando se va a subir al carro, ella saca del bolso una pistola semiautomática, tipo glock, que el gordo disimula debajo de su camiseta. Es nada menos que el alcalde saliente,  José Luis Arteaga, y se la lleva para ir al colegio electoral, junto a Cemeí Verdía y dos escoltas, visiblemente armados, se trepa en una lujosa camioneta blindada. Como el Volkswagen Passat que maneja Cemeí Verdía, asegura que es un regalo.

–El Passat me lo regalaron, ¿quién? Unos amigos que me quieren mucho– responde Verdía al preguntarle como pudo pagar ese coche con un sueldo de policía comunitaria que ronda los 5 mil 500 pesos mensuales. Ante mi sorpresa, todos ríen.

–Pocos tienen esa dicha, los empresarios que agradecen, agradecen– añade el candidato.

En Aquila, la empresa más importante es la minera Ternium, que extrae mineral de hierro para acero y que durante años utilizó a los Templarios contra los comuneros de Ostula y Aquila, que se quejaban de afectaciones en su tierras.

–Cemeí se olvidó de la gente, todo va sobre su interés propio, para vivir de ahí, no para ayudar, aquí la delincuencia y la política van de la mano y él se puso a dividir la comunidad en beneficio del gobierno, señala el ahora Comandante General de la Guardia Comunal, Germán Ramírez, el Toro.

En Ostula, la participación electoral fue del 89,7%, votaron 1455 personas de las 1622 que estaban convocadas a hacerlo, pero solo 239 votaron por Verdía. La Asamblea Comunal apostaba públicamente por Morena. En el resto del municipio, Aquila, tampoco le fue mucho mejor. La diputación local la ganó Morena y la alcaldía el Partido Verde, quién según la Guardia Comunal de Ostula también habría pactado con el crimen organizado y la empresa minera.

¿Cómo se puede hacer política con el crimen organizado operando en todos los municipios?–pregunto a Cemeí en la entrevista en el rancho de Sandoval.

–Se oye mucho el ruido de cárteles pero a mi no me consta, porque a mi todavía no me han parado ni me han dicho nada–niega quién hasta hace pocos meses señalaba sin reparos que el Cártel de Jalisco Nueva Generación operaba impunemente en el Estado.

En la cocina, la dueña de la casa, Luz Sandoval, da pistas: 

–El gobierno ya nos enseñó cómo solucionar los problemas.

–Pues el gobierno pactó, entiendo–le digo

–Ya le aprendimos–sólo añade y sigue calentando las tortillas. Ella es una de las comuneras de la mina de Aquila, que opera Ternium.

Segundo aniversario de la creación de las Autodefensas de los pueblos de Michoacán México. Dos hombres cargan una paloma durante la marcha organizada en el pueblo de Tepalcatepec.