Enrique Ochoa Reza, el “administrador de la derrota”

Enrique Ochoa Reza fue una parte de la pinza que desde Los Pinos se pretendió cerrar para impulsar al candidato del PRI José Antonio Meade. Pero no funcionó. Desde el inicio de la contienda presidencial Ochoa, presidente del que alguna vez se conoció como “El Partidazo” fue cuestionado por su desempeño en la campaña. Ahora renuncia a la presidencia el PRI y deja a su candidato en el tercer lugar de las encuestas. Éste es un perfil de quien en su momento se le llamó “El administrador de la derrota”, y publicado hace unas semanas en el portal Elecciones 2018.

Actualizado el 3 de mayo

Texto: Estrella Pedroza.

Fotografía: Ximena Natera

Sucedió en Tabasco, la tierra de Andrés Manuel López Obrador.

En un concurrido mitin el presidente del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Enrique Ochoa Reza, soltó un comentario que puso en aprietos –aún más- la estrategia del tricolor en la actual contienda presidencial.

“¡Aquí está reunido el priismo leal y profesional de siempre en Tabasco!”, gritó emocionado. “En cambio hay algunos que se van huyendo a Morena. ¡Son los ‘prietos’! Y a esos ‘prietos’ les vamos a demostrar que son ‘prietos’ pero ya no aprietan”.

El aplauso de los priístas se sumaron al estruendo de tambores, trompetas, matracas. La típica orquesta del partido tricolor acompañó la alegría por la ocurrencia de su dirigente.

La euforia duró poco. Los 41 segundos que duró el comentario de Ocho Reza y que compartió en video desde sus redes sociales, provocaron en minutos una ola de protestas de sus seguidores y otros que se sumaron a las críticas.

En Twitter o Facebook cientos reclamaron al polémico dirigente por la discriminación en sus palabras. Y es que su desliz electoral caló fuerte en un país donde, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía (INEGI), el 88% de sus habitantes es de tez morena.

Nada raro en Ochoa Reza a quien el presidente Enrique Peña Nieto confió la difícil tarea de asegurar la reelección de su partido en el gobierno de México.

Originario de Michoacán (Morelia, 1972) el controvertido personaje es el presidente del PRI con menos experiencia política en la historia del partido.

Antes de su encargo fue consejero electoral en el entonces Distrito Federal, asesor en la Secretaría de Energía, consejero en Pemex, subsecretario de Hidrocarburos y director de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

Pero nunca ha sido candidato, ni tampoco se le conocía participación en alguna campaña electoral. Hasta ahora, en una de las contiendas políticas más cerradas de la historia.

Algunos priístas creen que “Clavillazo” (como suele llamársele en redes sociales de internet) es en parte responsable de que su candidato a la presidencia, José Antonio Meade, no pueda abandonar el tercer sitio en las encuestas.

Critican sus polémicos comentarios pero también que no ha logrado convencer a los militantes de trabajar para la campaña. Una tarea complicada para quien, en 2010, pretendió ser consejero del entonces Instituto Federal Electoral (IFE).

Esa vez dijo que no pertenecía a partido alguno, pero cuando fue propuesto como presidente del tricolor apareció, casi de la nada, una credencial de militante fechada en 1991 y que despertó sospechas no sólo porque nadie le conocía en el PRI, sino porque la identificación lucía nueva, como recién elaborada.

Tal vez por eso de acuerdo con analistas no ha logrado cumplir la encomienda presidencial, de mitigar el descontento de los mexicanos con el gobierno de Peña Nieto y recuperar el orgullo y confianza de los priístas.

Sin embargo, Ochoa Reza le echa ganas. Durante la ceremonia en que rindió protesta como presidente del PRI llamó a destituir a los gobiernos que incurrieron en corrupción.

Pero el tricolor se ha resistido a expulsar a César Duarte, ex gobernador de Chihuahua perseguido por la justicia acusado de desviar recursos públicos en su provecho.

Además entre 2017 y lo que va de 2018 el número de priístas que abandonan su partido es inédito, tanto a nivel nacional como en algunos estados. Los desertores acusan imposición y desaseo en la asignación de candidaturas locales.

Muchos de esos priistas se refugiaron en otros partidos, la mayoría en Morena, donde creen tener posibilidades de conseguir una posición política.

Un ejemplo es Miguel Ángel Chico, senador con una carrera de 40 años en el tricolor, quien se incorporó al proyecto de López Obrador y previo a su salida culpó a Ochoa Reza de “despreciar” los principios del tricolor “dejando a un lado el diálogo y la negociación para privilegiar la simulación y los intereses personales”.

Aunque desde el inicio de la contienda el PRI se encuentra en desventaja, casi siempre en tercer lugar según las encuestas en foros públicos Ochoa Reza mantiene el discurso optimista y a veces pendenciero.

La realidad, empero, se le aparece una y otra vez como en la mayoría de los estados donde la alianza del tricolor con los partidos Nueva Alianza y Verde Ecologista se rompió a nivel local.

En respuesta el presidente del PRI insiste: los que se van son traidores (ya no les llama ‘prietos’ porque ante el escándalo tuvo que disculparse).

Así, columnistas, académicos o militantes dicen que el presidente del tricolor en realidad es un administrador de la derrota.

Mientras, la campaña sigue. No son pocos quienes vaticinan una estrepitosa derrota del que en algún tiempo se le conoció como “partidazo”.

El mandato de Ochoa Reza al frente del equipo tricolor termina, oficialmente, en agosto de 2019. Hoy nadie sabe si cumpla con el plazo.