La spotización del diálogo

Cuatro de los cinco aspirantes presidenciales se reunieron con las víctimas de la violencia; a diferencia de hace seis años, cuando hubo un encuentro similar con los entonces aspirantes de a la presidencia, no hubo preguntas de los representantes de miles de asesinados y desaparecidos en la “guerra contra las drogas”. Los candidatos respondieron a las preguntas del moderador con mensajes diseñados previamente

Texto: Celia Guerrero

Fotos: Ximena Natera

La pancarta, impresa hace siete años, es desenrollada por Melchor Flores, quien en seguida la extiende, monta en un soporte y convierte en estandarte. Muestra, plasmada sobre lona, la foto de un joven vestido de vaquero, pintado de plateado. En ella también se lee una exigencia dirigida al gobernador de Nuevo León: solución a nuestro problema del secuestro de nuestro hijo “El Vaquero Galáctico” realizado por la policía regia con las patrullas 534, 538 y 540.

El artista conocido como el Vaquero Galáctico, Melchor Flores Hernández, cumplió nueve años desaparecido el 25 de febrero. Su historia fue dada a conocer por su padre, del mismo nombre, quien se unió a las caravanas del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) convocadas por el poeta Javier Sicilia, en 2011. Para entonces, Melchor llevaba dos años buscando justicia, pero esa fue la primera vez que lo hizo públicamente y acompañado por otros familiares de víctimas que recorrieron miles de kilómetros para denunciar las consecuencias de la estrategia de seguridad del presidente Felipe Calderón Hinojosa.

Melchor recorrió el país con la pancarta del retrato del Vaquero Galáctico, subió a templetes con ella decenas de veces, en ciudades y pueblos del sur y norte; repitió al público, a funcionarios y a medios de comunicación la historia: su hijo, un artista de la calle, fue desaparecido por policías municipales —según testigos— con otras dos personas, Gustavo Castañeda y Andrés Batres.

A nueve años de la desaparición, a siete de unirse al MPJD, después de caravanas, mítines, reuniones con funcionarios de todos los niveles (incluidos dos presidentes: Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, desde que fue candidato), el hombre sigue cargando con la misma pancarta, persiguiendo la justicia que para él significaría encontrar a su hijo “vivo o muerto”, dice.

Esta vez Melchor asiste a una reunión pública, convocada por organizaciones, activistas y víctimas, con los candidatos a presidente de México. El formato del evento mantiene a las víctimas como espectadores de las ponencias, moderadas por dos personas que plantean los mismos cuestionamientos para cada uno de los candidatos: Ricardo Anaya, Andrés Manuel López Obrador, Jaime Rodríguez Calderón y José Antonio Meade. La quinta contendiente, Margarita Zavala, no atendió a la invitación.

Sin espacio para participar, Melchor desenrolla la pancarta hasta el final acto, cuando reporteros le piden posar para una fotografía. Las diferencias con los diálogos con los anteriores candidatos a la presidencia, en mayo de 2012, son tajantes: no hay espacios para preguntas ni exposiciones de las víctimas.

No es una discusión. La dinámica se tornó una ‘spotización del diálogo’, un espacio más para los candidatos en el que se limitaron a hablar de una agenda sugerida por los promotores del evento.

 

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El candidato de la coalición “Por México al Frente” (PAN, PRD, MC), Ricardo Anaya, entró al auditorio con varios acompañantes que le seguían en fila india. El primero de ellos era Emilio Álvarez Icaza, hasta hace poco reconocido por ser defensor de derechos humanos, siempre en el escenario de la sociedad civil: impulsó como pocos el MPJD en 2012, participó en las caravanas y el acompañamiento a las víctimas de la violencia en el país, fue secretario de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Luego, en los albores de la campaña electoral de 2018, Álvarez Icaza realizó un giro político no poco criticado al aliarse con esta coalición partidista. El apoyo le es redituado con una candidatura plurinominal al Senado, por el PRD.

Anaya fue el primer candidato en escuchar las preguntas planteadas por los promotores del evento, mismas que se repitieron con todos los invitados, en torno a cuatro temáticas: modelo de seguridad; política de drogas; fiscalía general autónoma e independiente y mecanismo internacional contra la impunidad y comisión de la verdad.

Su exposición de ideas sucedió sin sobresaltos, finalmente los temas fueron compartidos con anterioridad a todos los candidatos invitados. Anaya parecía haber preparado sus respuestas, las cuales abordó con cautela. Por ejemplo, a la pregunta explícita de si abrogaría la Ley de Seguridad Interior (LSI): ¿sí o no?, respondió: “Ojalá abrogando una ley se resolviera el problema”. Luego, aparentemente abierto al diálogo, intentó voltear la dinámica.

“Intuyo en la pregunta que hay quien piensa que si la ley se abroga se resuelve un problema. A lo mejor hay algo que no estoy teniendo la sensibilidad o la capacidad de captar… Quiero escuchar porque a lo mejor mi visión está incompleta”, dijo a Pablo Reyna, director de programas de incidencia en la Universidad Iberoamericana, quien fungió como moderador.

Ricardo Anaya, con integrantes del MPJD durante su presentación

La dinámica, lejana a un diálogo abierto, quedó expuesta con la respuesta de Reyna: “La postura que se ha planteado es el resultado del diálogo y el trabajo de las organizaciones de la sociedad civil y de los colectivos de víctimas. No hablo por ellos cuando le respondo”.

La exposición de Anaya continuó como un largo spot. Al final, el activista y poeta Javier Sicilia, reconocido como el articulador del MPJD, subió al escenario a despedirlo con los característicos beso y abrazo que propina tanto a personajes cercanos como lejanos. En esta ocasión, Anaya sería el único candidato en recibir el afecto del poeta frente a las cámaras.

Andrés Manuel López Obrador no tuvo —como no lo tuvo tampoco en el encuentro de 2012— un beso de Sicilia. Fue el segundo en participar en el evento y, a diferencia de sus contrincantes, no esperó a escuchar cuestionamientos sino que inició planteando una estrategia de seguridad de 10 puntos para sustituir la actual, en caso de convertirse en jefe del poder Ejecutivo. En los que más profundizó fue en la atención de las causas de la violencia, el respeto a los derechos humanos y la vigilancia personal y diaria del asunto.

López Obrador también llegó acompañado de un reconocido activista, defensor de migrantes, que lo apoya públicamente, el padre Alejandro Solalinde. Incluso lo propuso para ser Ombusman, al ser cuestionado sobre la manera en que los ciudadanos pueden asegurarse de que en su gobierno se atenderán las violaciones sistemáticas a los derechos humanos.

“A mí me gustaría, lo digo de manera sincera, de corazón, nomás que la ley no lo permite, y además a lo mejor ellos no aceptan, pero a mí me gustaría que el padre Solalinde fuera el encargado de la defensa de los derechos humanos. Que Javier [Sicilia] estuviese en la comisión ayudándonos para encontrar a los desaparecidos”, dijo.

El candidato de la coalición “Juntos haremos historia” (Morena, PES, PT) prefirió mostrarse ambivalente en posturas: en el caso de la despenalización del consumo y portación de cannabis, dijo que era necesaria la consulta; de la abrogación de la LSI, “ni sí ni no”, fue su respuesta más concreta; también señaló su molestia por las acusaciones de gobiernos extranjeros al mexicano por ocultar la verdad, pero al mismo tiempo dijo estar de acuerdo con la propuesta de un mecanismo internacional para investigar las violaciones graves a derechos humanos en el país.

Andrés Manuel López Obrador, durante su participación en los diálogos entre los candidatos a la presidencia y víctimas de violencia

Antes de retirarse, el fundador del partido Morena, hasta ahora puntero en la campaña presidencial, fue interceptado por un grupo de personas con los que platicó unos minutos. “Es que ahí vienen, ahí vienen”, dijo al despedirse, refiriéndose a los próximos candidatos en el programa del evento, y salió precipitadamente.

El candidato independiente, Jaime Rodríguez Calderón, llevaba menos de 10 minutos en el  estrado cuando dijo la primera frase para recordar: “Coincido con que la democracia no es una como la que queremos los mexicanos, yo soy producto de eso, de las injusticias de una democracia. Soy el hijo bastardo de la ley y estoy aquí luchando para tratar de equilibrar eso”. Algunas personas en el público rieron al reconocer la auto flagelación involuntaria del candidato también conocido como “El Bronco”, señalado por el Instituto Nacional Electoral de duplicar las firmas de apoyo para aparecer como independiente en la boleta.

Fueron varios los comentarios de Rodríguez Calderón que provocaron risas y bulla en el público, como la generalización de que los consumidores de drogas son personas sin educación, por dar un ejemplo. Como estrategia de seguridad propuso programas regionales. De hecho, la mayor parte de sus referencias y ejemplificaciones de cómo gobernaría el país partieron de cómo gobernó el estado de Nuevo León.

“La mayoría de los mexicanos tiene esa decepción, sobre la defensa que hacen los derechos humanos al delincuente. ¿Quién defiende a las víctimas? Hay 120 mil madres de este país por sexenio que perdieron un familiar y nadie las defiende”, respondió Rodríguez Calderón a la pregunta de cuál sería su agenda de derechos humanos en caso de llegar a la presidencia. Desde el público una mujer rió y gritó sarcásticamente, “¡Y usted sí las defiende!”.

“[Rodríguez Calderón] Es un hipócrita, un hipócrita que nunca nos quiso atender en Monterrey cuando él estuvo de gobernador”, contó Melchor Flores.

Jaime Rodríguez, El Bronco, durante su participación en los Diálogos por la paz y la justicia

Quien también se vio señalado por el público fue el candidato de la coalición “Todos por México” (PRI, PVEM, Nueva Alianza), José Antonio Meade. Fue el último en participar en este ejercicio; llegó por la puerta trasera, con un despliegue de seguridad mucho más evidente que el de los invitados anteriores. Tal vez como consecuencia de ello, o quizás porque el evento llevaba ya varias horas, la gente en el auditorio comenzó a actuar tensa y con cansancio. Melchor, por ejemplo, se quitó el sombrero de vaquero que le caracteriza y cerró los ojos durante toda su intervención. Varias personas reaccionaron ante sus propuestas, gritando comentarios: “Su partido no lo ha hecho”, “¿Cuándo, cuándo lo van a resolver?”, “¿Para qué le sirven las cifras?”, “Desaparición forzada y tortura. No delincuencia organizado, Estado”.

El punto en que pareció que la exposición se salía de las manos de los moderadores fue cuando Meade comenzó a hablar de impunidad y dijo estar en desacuerdo del mecanismo internacional para investigar y perseguir violaciones graves de derechos humanos.

—Compañeros, compañeros, estamos a punto de terminar —dijo la moderadora, Elena Varela, intentando calmar las ansias del público— Entendemos que hay muchas inquietudes respecto a la propuesta y respecto a lo vivido en lo último 12 años.

El evento concluyó minutos después de que Meade se comprometió —como cada uno de los candidatos asistentes, en caso de resultar electo presidente— a una segunda reunión pública el 17 de septiembre, en la cual abordarán otras temáticas como desaparecidos, política migratoria, pueblos indígenas, trata, feminicidios y desmantelamiento patrimonial y financiero del crimen organizado.

José Antonio Meade, durante su participación en los Diálogos por la paz y la justicia

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Cinco días antes del evento con candidatos, Melchor Flores voló del Estado de México, en donde vive, a Nuevo León, para el seguimiento del caso de desaparición de su hijo. El dinero para el avión se lo prestó un amigo porque la Comisión Estatal de Atención a Víctimas no. Cuenta que lo recibió el nuevo fiscal general, Adolfo Guerrero Gutiérrez, elegido por el Congreso local en marzo de 2018 como parte estreno del Sistema Estatal Anticorrupción. Sin embargo, Melchor no recibió noticias alentadoras: su caso, como los de miles de desaparecidos, está estancado.

Guerrero Gutiérrez es ex presidente del Tribunal Superior de Justicia estatal (2007-2009 y 2013-2015), razón por la que es ligado al antiguo sistema de justicia que en nueve años, a pesar de la presión política y social ejercida desde el MPJD, no logró encontrar a Melchor Flores Hernández.

—Somos títeres de ellos —dice Melchor cuando es cuestionado sobre su impresión del evento con candidatos actuales, a la luz del diálogo en 2012— Nomás nos han utilizado en ciertos momentos para sus fines políticos.

Melchor cuenta cómo Enrique Peña Nieto, quien se sentó con el MPJD como candidato les hizo promesas, una vez que asumió el cargo de presidente de la República nunca más volvió a recibirlo.

—¿Qué lo hizo venir a este nuevo diálogo con candidatos?

— Lo que me hace ir a todos lados donde me llamen y donde no: el amor a mi hijo. Él tiene una familia… —Melchor interrumpe por un momento su respuesta para evitar llorar— una madre, unos hermanos, tiene un hijo que lo están esperando, que lo siguen esperando. Eso es lo que me hace venir.

María Herrero, integrante del MPJD, acompañada de víctimas, durante la presentación de los Diálogos por la paz y la justicia